Una luz te ciega, daña tus pupilas. Cierras los párpados y te frotas los ojos con los puños de las manos. Sientes paz, tranquilidad. Ves unas siluetas al fondo, alargas el brazo para alcanzarlas, pero las sientes lejos. La que parece más grande te habla, dice bellas palabras, tranquilizadoras. Le sonríes, aunque el rostro de esa sombra sea tan difuso como su figura.
Intentas de nuevo alcanzarla, ahora con el otro brazo estirado. Quieres mover los pies, pero no puedes. Otra vez esas palabras invaden tu cabeza. Como llevada por las drogas más puras y excitantes vuelves a sonreír. Cierras los ojos de nuevo.
Pero ahora, ahora notas como todo a tus pies (si es que antes había algo) se derrumba. Sientes como caes, al abismo más profundo. Esas siluetas que antes se alejan cada vez mas de ti, como la luz blanca y cegadora, esa paz que sentías, esas voces tranquilizadoras se desvanecen.
Abres los ojos y solo ves oscuridad, puedes hasta sentirla. Quieres gritar pero solo notas como algo dentro de ti desea salir, notas como se retuerce, oprime tus órganos hasta aplastarlos, rompe tus huesos hasta que se hacen polvo, roza tu interior hasta sangrar... Te retuerces de dolor, un dolor absoluto como nunca antes habías sentido. Quieres vomitar pero al mismo tiempo comer. Algo se adentra en tu ser desde tu boca, un liquido frío y metálico invade ahora tu interior muerto. No te gusta, pero no puedes parar, quieres que entre más y más, con más fuerza, más rápido.
Un hambre sobrehumana te invade, no puedes parar. Sigues bebiendo y bebiendo intentando apagar ese deseo hasta que una mano te aleja, te aparta. Caes al suelo y te retuerces de nuevo, como un niño pequeño al que le acaban de negar su chupete. Ahora, si, ahora gritas, de dolor, de rabia. Pero poco a poco todo cesa.
Tumbada en el suelo observas la luna, ahora es ella la que te ciega. Sientes como todo a tu alrededor es más grande. Te levantas, nunca habías sentido la noche así, tan llena de vida, puedes ver cosas que antes no veías, oler perfumes que ni sabias que existían, notas la vida hasta debajo de tus pies...
Detrás de ti una mano se acerca a tu cintura, y unos labios que te resultan ya familiares te susurran con la dulzura y tranquilidad que habías experimentado unos minutos antes:
-Bienvenida querida, a tu vida eterna.