04 agosto 2010

-Relatomania-



Aun no sabia como con tan pocas pruebas había llegado a la conclusión que este seria el escenario del crimen. Pensé en pedir refuerzos mientras miraba aquella vieja casa en medio de la nada desde el coche, pero preferí entrar yo sola antes que montar jaleo, perder la ventaja de la sorpresa y no conseguir atrapar a ese asesino.

Era arriesgado entrar sola, pero no había otra opción.

Mientras me dirigía hacia las escaleras de la entrada observe mi alrededor, y mire hacia las ventanas por si me vigilaban desde dentro. No vi nada que me llamase la atención, así que mi pie derecho se poso sobre el primer escalón de madera carcomida.

Los tablones chirriaban a mi paso. La verdad es que era bastante perjudicial para mi entrada sigilosa y triunfal, pero no podía hacer otra cosa que tener cuidado e intentar hacer el menor ruido posible.

Saque la pistola de su funda y la sostuve firmemente con la mano derecha mientras que con la izquierda agarre con firmeza el pomo oxidado de la puerta. No giraba. Estaba cerrada desde dentro. Mire alrededor. Tuve suerte de encontrar una de las ventanas de la planta baja semiabierta.

Separe las cortinas que se movían de aquí para allá por la corriente de aire, y abrí totalmente la ventana. Me introduje lo mas lentamente posible sin perder de vista la habitación y las entradas. Me deje caer al suelo de rodillas y apunte hacia una sombra cercana. Una falsa alarma. La oscuridad de aquella casa me iba a jugar malas pasadas como siguiera así, así que decidí sacar mi linterna. Me erguí con suavidad, posando la pistola sobre la linterna que ahora iluminaba la habitación vacía. Había una silla tirada en una esquina y una coqueta a un lado de la puerta, medio tapada con una sabana amarillenta. Decidí salir de allí para inspeccionar mejor la planta. Desde el pasillo que había nada mas salir de la habitación podía ver lo que se intuía seria un salón, por lo dos sofás que vi, bueno, lo que quedaba de ellos, y una pequeña mesa de café partida en dos.

Parecía como si hubiese pasado una manada de rinocerontes asustados. Estaba todo destrozado.

Me dirigí hacia la cocina. Solo había una nevera abierta y oxidada sin enchufar, un fregadero amarillento y una cocina corriendo la misma suerte que el primer electrodoméstico. Ahí no iba a encontrar nada.

Seria mejor, subir las escaleras.

El silencio era sorprendente, no se escuchaba nada ni dentro ni fuera de la estancia. Y eso que por aquella zona, los animales del bosque abundaban bastante, los lobos y los osos eran fauna común por aquí. Pero nada, solo, silencio. Parecía como que solo yo me encontraba en este lugar.

Subí los escalones con cuidado. Esta vez no hice ruido, pues estaban recubiertos de una alfombra rojiza y algo pegajosa. Con el brazo de la pistola firme, fije un objetivo central por si las moscas. La luz de la linterna me lastimaba los ojos y me cegaba. No recordaba su luz tan potente. Decidí correr el riesgo de apagarla. Al fin y al cabo podía usarlo a mi favor ya que no alertaría a nadie. Si es que había alguien en aquel lugar. Yo ya empezaba a sospechar lo contrario.

Por el pasillo había algunos cuadros, colgando irregularmente, o sustentándose solo por una de sus esquinas. Me resultaban familiares, pero no sabia de que. A lo mejor eran imitaciones de algunos famosos, no lo se. Aminore el paso, y aguante la respiración pues estaba frente a la primera puerta de las dos que debería inspeccionar a continuación.

Mire la ranura de abajo, por si había luz, pero solo era oscuridad. Acerque mi oreja por si escuchaba algo. Parecía estar vacía. Gire el pomo lo mas lentamente posible. Soltó un pequeño chirrido antes de abrirse. La empuje con el pie y apunte a su interior. Nada. Solo el esqueleto de una cama. Muelles oxidados y una mesita intacta. Debía de ser lo único intacto de aquella casa.

Ya empezaba a desear salir de aquel lugar. Un sentimiento claustrofóbico me invadió en el momento que mire la segunda puerta. El olor que inundaba la casa era insoportable. Estaba acostumbrada a la morgue, pero esto era peor. Era mas fuerte aun, un olor como a vinagre fermentado, agrio, a humedad, y putrefacción. A lo mejor no encontraba al asesino pero si, este, iba a ser realmente el escenario del crimen. De eso estaba segura. Aquí era a donde tenia que llegar. Una intuición femenina supongo.

La segunda habitación estaba vacía también. No había nada que destacar ni que me diera alguna pista, o alguna prueba que valiese la pena. Aquí no había estado nadie. A lo mejor lo importante estaba en la planta baja, pues allí el olor era mas fuerte y penetrante. Aun así, quise inspeccionar toda la planta superior para asegurarme.

Baje las escaleras de nuevo, las plantas de mis botas se pegaban a la alfombra con mas atenuación en los últimos escalones. Parecía que allí había caído algún tipo de liquido. Bueno, tendrían que encargase los de pruebas de ello, y averiguar de que se trataba. Volví a mirar la planta baja, buscando algo que no había visto antes, pero que sabia que estaba ahí. El olor se acentuaba mas al fondo del pasillo central, que llevaba a un baño en el cual no había nada. Mire a mi alrededor de nuevo, sin linterna me sentía mas cómoda.

Tenia que encontrar las pruebas, tenia que hacerlo. El día de hoy ya había sido lo suficientemente extraño y desastroso. Despertarme resacosa a las 6 de la tarde sin acordarme de nada de la noche anterior, y tener que aguantar la bronca de mi jefe, ya había bastado. Tenia que resolver este caso, y tenia que ser hoy.

Fui hacia el salón y mire a la puerta de entrada de la casa. Cerré los ojos, e intente no pensar en la jaqueca que tenia. Froté la frente con mis dedos y espere. De pronto la lucecilla de mi cerebro se encendió y volví a recorrer el pasillo de antes mientras que mi mano izquierda palpaba la superficie de la pared de madera. Al llegar a la entrada del baño me detuve y golpee con los nudillos suavemente las paredes que me rodeaban. La de la izquierda sonaba vacía. Como si detrás hubiese otra habitación. Agarre la pistola con firmeza otra vez, y empuje con la mano libre, esperando que algo se moviese.

Un poco mas a mi izquierda el olor era mas fuerte y allí fue donde la pared se movió y se abrió como una puerta. Apunte directamente al vacío pues no se veía nada. Me tape la nariz y la boca con la manga izquierda de mi chaqueta de cuero pero no conseguía el efecto deseado. Me adentre en la oscuridad, intuyendo el camino. Recorrí lo que parecía un pasillo estrecho que llevaba a unas escaleras que bajaban a lo que debía de ser el sótano de la casa.

Las escaleras sonaban bajo mis pies.

El olor hacia que me costase respirar y que los ojos se me humedeciesen. Parecía como oler ácido de lo fuerte que era. Apunte con mi arma, con el dedo índice tensando el gatillo, esperando encontrarme algo a lo que disparar.

Lo que encontré abajo era algo, si, pero nada vivo. Diez cuerpos completamente destrozados. Dos de ellos apuntalados a la pared del fondo, con el tórax abierto y las tripas colgado bajo su cintura. Otro de ellos sobre una mesa de madera, atado por los pies y las manos, y estos unidos respectivamente. Parecía un animal de caza, cazado. Su cabeza estaba en la otra punta de la habitación. El resto de los cuerpos, mutilados, en pedacitos, y toda la sangre bañando el techo, las paredes y el suelo. Charcos de sangre ya coagulada y pegajosa bajo las escaleras atrapaban mis botas pegándolas al suelo.

Eso había sido una masacre.

Deje de taparme la boca y la nariz para coger el móvil y pedir refuerzos. Pero no pude acercarlo lo suficiente a mi cara antes de que la jaqueca se acentuase y me hiciese caer al suelo de rodillas. Sentí como el estomago empezaba a revolverse. No pude evitar vomitar lo único que había comido en todo el día. Estaba casi sin digerir. El dolor de la cabeza empezó a estallarme dentro, caí al suelo, mientras mi estomago seguía rugiendo y revolviéndose. Luego se le unieron el resto de mis órganos. No sabia como, pero podía notarlos, como se movían y se apretujaban y formaban un ovillo entre todos. Mi cuerpo empezó a convulsionar, como si empezase a sufrir algún tipo de ataque. Dolía. Dolía de verdad. Cualquier persona acabaría desmayándose del dolor, pero yo no, no me desmaye, y lo sentí todo, absolutamente todo.

Mientras me revolvía entre la sangre negra del suelo vi el móvil a escasos centímetros de mi. Intente alargar el brazo para cogerlo y pedir ayuda, pero los movimientos espasmódicos de todo mi cuerpo también pasaron a mis dedos. Ahora podía ver como se retorcían entre ellos y se estiraban y se volvían a retorcer. No pude evitar gritar. Pero mis gritos se ahogaron en el silencio.

Luego, todo termino.

Cuando abrí los ojos, seguía tirada sobre el suelo ensangrentado, pero había algo distinto en aquel lugar.

Ya no veía oscuridad. Ya no había silencio. Podía oír sonidos, lejanos, pero sonidos. No sentía dolor. Y el olor ya no se me antojaba nauseabundo. Mire los cadáveres y sonreí, pues me regocijaba de mi propia obra. Me levante del suelo de un salto y recogí la 9 mm y el móvil. Me acerque al cadáver de la mesa y con toda normalidad succioné de su ingle la poca sangre que quedaba en su organismo.

Por fin recordé. Y todo me parecía normal y perfecto.

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