04 agosto 2010

-Relatomania-



Aun no sabia como con tan pocas pruebas había llegado a la conclusión que este seria el escenario del crimen. Pensé en pedir refuerzos mientras miraba aquella vieja casa en medio de la nada desde el coche, pero preferí entrar yo sola antes que montar jaleo, perder la ventaja de la sorpresa y no conseguir atrapar a ese asesino.

Era arriesgado entrar sola, pero no había otra opción.

Mientras me dirigía hacia las escaleras de la entrada observe mi alrededor, y mire hacia las ventanas por si me vigilaban desde dentro. No vi nada que me llamase la atención, así que mi pie derecho se poso sobre el primer escalón de madera carcomida.

Los tablones chirriaban a mi paso. La verdad es que era bastante perjudicial para mi entrada sigilosa y triunfal, pero no podía hacer otra cosa que tener cuidado e intentar hacer el menor ruido posible.

Saque la pistola de su funda y la sostuve firmemente con la mano derecha mientras que con la izquierda agarre con firmeza el pomo oxidado de la puerta. No giraba. Estaba cerrada desde dentro. Mire alrededor. Tuve suerte de encontrar una de las ventanas de la planta baja semiabierta.

Separe las cortinas que se movían de aquí para allá por la corriente de aire, y abrí totalmente la ventana. Me introduje lo mas lentamente posible sin perder de vista la habitación y las entradas. Me deje caer al suelo de rodillas y apunte hacia una sombra cercana. Una falsa alarma. La oscuridad de aquella casa me iba a jugar malas pasadas como siguiera así, así que decidí sacar mi linterna. Me erguí con suavidad, posando la pistola sobre la linterna que ahora iluminaba la habitación vacía. Había una silla tirada en una esquina y una coqueta a un lado de la puerta, medio tapada con una sabana amarillenta. Decidí salir de allí para inspeccionar mejor la planta. Desde el pasillo que había nada mas salir de la habitación podía ver lo que se intuía seria un salón, por lo dos sofás que vi, bueno, lo que quedaba de ellos, y una pequeña mesa de café partida en dos.

Parecía como si hubiese pasado una manada de rinocerontes asustados. Estaba todo destrozado.

Me dirigí hacia la cocina. Solo había una nevera abierta y oxidada sin enchufar, un fregadero amarillento y una cocina corriendo la misma suerte que el primer electrodoméstico. Ahí no iba a encontrar nada.

Seria mejor, subir las escaleras.

El silencio era sorprendente, no se escuchaba nada ni dentro ni fuera de la estancia. Y eso que por aquella zona, los animales del bosque abundaban bastante, los lobos y los osos eran fauna común por aquí. Pero nada, solo, silencio. Parecía como que solo yo me encontraba en este lugar.

Subí los escalones con cuidado. Esta vez no hice ruido, pues estaban recubiertos de una alfombra rojiza y algo pegajosa. Con el brazo de la pistola firme, fije un objetivo central por si las moscas. La luz de la linterna me lastimaba los ojos y me cegaba. No recordaba su luz tan potente. Decidí correr el riesgo de apagarla. Al fin y al cabo podía usarlo a mi favor ya que no alertaría a nadie. Si es que había alguien en aquel lugar. Yo ya empezaba a sospechar lo contrario.

Por el pasillo había algunos cuadros, colgando irregularmente, o sustentándose solo por una de sus esquinas. Me resultaban familiares, pero no sabia de que. A lo mejor eran imitaciones de algunos famosos, no lo se. Aminore el paso, y aguante la respiración pues estaba frente a la primera puerta de las dos que debería inspeccionar a continuación.

Mire la ranura de abajo, por si había luz, pero solo era oscuridad. Acerque mi oreja por si escuchaba algo. Parecía estar vacía. Gire el pomo lo mas lentamente posible. Soltó un pequeño chirrido antes de abrirse. La empuje con el pie y apunte a su interior. Nada. Solo el esqueleto de una cama. Muelles oxidados y una mesita intacta. Debía de ser lo único intacto de aquella casa.

Ya empezaba a desear salir de aquel lugar. Un sentimiento claustrofóbico me invadió en el momento que mire la segunda puerta. El olor que inundaba la casa era insoportable. Estaba acostumbrada a la morgue, pero esto era peor. Era mas fuerte aun, un olor como a vinagre fermentado, agrio, a humedad, y putrefacción. A lo mejor no encontraba al asesino pero si, este, iba a ser realmente el escenario del crimen. De eso estaba segura. Aquí era a donde tenia que llegar. Una intuición femenina supongo.

La segunda habitación estaba vacía también. No había nada que destacar ni que me diera alguna pista, o alguna prueba que valiese la pena. Aquí no había estado nadie. A lo mejor lo importante estaba en la planta baja, pues allí el olor era mas fuerte y penetrante. Aun así, quise inspeccionar toda la planta superior para asegurarme.

Baje las escaleras de nuevo, las plantas de mis botas se pegaban a la alfombra con mas atenuación en los últimos escalones. Parecía que allí había caído algún tipo de liquido. Bueno, tendrían que encargase los de pruebas de ello, y averiguar de que se trataba. Volví a mirar la planta baja, buscando algo que no había visto antes, pero que sabia que estaba ahí. El olor se acentuaba mas al fondo del pasillo central, que llevaba a un baño en el cual no había nada. Mire a mi alrededor de nuevo, sin linterna me sentía mas cómoda.

Tenia que encontrar las pruebas, tenia que hacerlo. El día de hoy ya había sido lo suficientemente extraño y desastroso. Despertarme resacosa a las 6 de la tarde sin acordarme de nada de la noche anterior, y tener que aguantar la bronca de mi jefe, ya había bastado. Tenia que resolver este caso, y tenia que ser hoy.

Fui hacia el salón y mire a la puerta de entrada de la casa. Cerré los ojos, e intente no pensar en la jaqueca que tenia. Froté la frente con mis dedos y espere. De pronto la lucecilla de mi cerebro se encendió y volví a recorrer el pasillo de antes mientras que mi mano izquierda palpaba la superficie de la pared de madera. Al llegar a la entrada del baño me detuve y golpee con los nudillos suavemente las paredes que me rodeaban. La de la izquierda sonaba vacía. Como si detrás hubiese otra habitación. Agarre la pistola con firmeza otra vez, y empuje con la mano libre, esperando que algo se moviese.

Un poco mas a mi izquierda el olor era mas fuerte y allí fue donde la pared se movió y se abrió como una puerta. Apunte directamente al vacío pues no se veía nada. Me tape la nariz y la boca con la manga izquierda de mi chaqueta de cuero pero no conseguía el efecto deseado. Me adentre en la oscuridad, intuyendo el camino. Recorrí lo que parecía un pasillo estrecho que llevaba a unas escaleras que bajaban a lo que debía de ser el sótano de la casa.

Las escaleras sonaban bajo mis pies.

El olor hacia que me costase respirar y que los ojos se me humedeciesen. Parecía como oler ácido de lo fuerte que era. Apunte con mi arma, con el dedo índice tensando el gatillo, esperando encontrarme algo a lo que disparar.

Lo que encontré abajo era algo, si, pero nada vivo. Diez cuerpos completamente destrozados. Dos de ellos apuntalados a la pared del fondo, con el tórax abierto y las tripas colgado bajo su cintura. Otro de ellos sobre una mesa de madera, atado por los pies y las manos, y estos unidos respectivamente. Parecía un animal de caza, cazado. Su cabeza estaba en la otra punta de la habitación. El resto de los cuerpos, mutilados, en pedacitos, y toda la sangre bañando el techo, las paredes y el suelo. Charcos de sangre ya coagulada y pegajosa bajo las escaleras atrapaban mis botas pegándolas al suelo.

Eso había sido una masacre.

Deje de taparme la boca y la nariz para coger el móvil y pedir refuerzos. Pero no pude acercarlo lo suficiente a mi cara antes de que la jaqueca se acentuase y me hiciese caer al suelo de rodillas. Sentí como el estomago empezaba a revolverse. No pude evitar vomitar lo único que había comido en todo el día. Estaba casi sin digerir. El dolor de la cabeza empezó a estallarme dentro, caí al suelo, mientras mi estomago seguía rugiendo y revolviéndose. Luego se le unieron el resto de mis órganos. No sabia como, pero podía notarlos, como se movían y se apretujaban y formaban un ovillo entre todos. Mi cuerpo empezó a convulsionar, como si empezase a sufrir algún tipo de ataque. Dolía. Dolía de verdad. Cualquier persona acabaría desmayándose del dolor, pero yo no, no me desmaye, y lo sentí todo, absolutamente todo.

Mientras me revolvía entre la sangre negra del suelo vi el móvil a escasos centímetros de mi. Intente alargar el brazo para cogerlo y pedir ayuda, pero los movimientos espasmódicos de todo mi cuerpo también pasaron a mis dedos. Ahora podía ver como se retorcían entre ellos y se estiraban y se volvían a retorcer. No pude evitar gritar. Pero mis gritos se ahogaron en el silencio.

Luego, todo termino.

Cuando abrí los ojos, seguía tirada sobre el suelo ensangrentado, pero había algo distinto en aquel lugar.

Ya no veía oscuridad. Ya no había silencio. Podía oír sonidos, lejanos, pero sonidos. No sentía dolor. Y el olor ya no se me antojaba nauseabundo. Mire los cadáveres y sonreí, pues me regocijaba de mi propia obra. Me levante del suelo de un salto y recogí la 9 mm y el móvil. Me acerque al cadáver de la mesa y con toda normalidad succioné de su ingle la poca sangre que quedaba en su organismo.

Por fin recordé. Y todo me parecía normal y perfecto.

16 marzo 2009

-Relatomania-



-Que dices? No te entiendo.

Le pregunto mientras se retorcia entre las sabanas agranatadas, de un color sangre coagulado. El otro cuerpo le dio la espalda, se apiño en un obillo de carne y huesos y solo gruño. Su piel se notaba fria.

Ella fruncio el ceño al ver la escena. No entendia porque se estaba comportando asi, hacia unos minutos estaban bien, normal, lo estaban pasando bien, pero de repente sin decir nada Carol dejo de mirarla a los ojos y rapidamente se aparto de su cuerpo con rapidez.

Permanecio callada, esperando que su acompañante se dignara si quiera a decir una minima palabra, pero solo se limito a de vez en cuando, revolverse, como si sintiera un mal estar fisico.

-Te encuentras bien?

No respondio. Se lo esperaba. Un impulso ordeno a sus musculos moverse y acercarse a Carol, pero su mente se lo impidio. Por un momento comenzo a entenderlo todo. Lo que habian hablado antes, tranquilamente, se estaba arrepintiendo de haberse abierto a ella, vio en su mirada un apoyo, una guia, en sus consejos una sabiduria, pero sin saber porque ella se puso asi. ¿Acaso habia cruzado la linea? ¿Esa linea que separa los polvos esporadicos entre dos amigas con derecho a roce, y algo mas que eso?

Le habia contado su vida, le habia contado sus frustaciones, le habia contado su muerte y su no vida, sus miedos, todo, absolutamente todo, nunca antes se lo habia dicho a nadie. Jamas. Su estomago vacio comenzo a revolverse, un malestar cruzaba sus organos muertos llegando hasta la garganta, sintio arcadas. Sus ojos oscuros se volvieron rojos de la ira y sus musculos se contrajeron. Se levanto de golpe, dejando a su compañera en su obillo. Recogio su ropa con rapidez y se vistio con habilidad. Carol la miro de reojo y con atencion.

-A donde vas?

No contesto. Lana siguio colocandose la chaqueta, con prisa y a trompicones. No se preocupo ni de arreglarse el cuello de su abrigo. Recogio su bolsa de cuero y antes de que pudiera posar la mano sobre el pomo de la puerta, Carol la intercepto.

-Dejame irme.

-No.

Ahora era ella la que evitaba la mirada de Carol. Forcejeraon, con fuerza, rompiendo las cosas que se interponian en su lucha.

-Esta amaneciendo, no puedes irte.

Como hablar a una pared. Nada. Su cerebro sabia perfectamente lo que alli estaba pasando, pero le reventaba no poder hacer ella lo mismo. Solo eran compañeras de caza, por las noches, nada mas, a veces esas noches terminaban como la de hoy, pero cada una se iba para su casa nada mas se ocultase el sol. Asi debia de ser.

Pero sabian, que asi no era.

Sin esperarlo, sin quererlo, se podria decir que habian estrechado unos lazos invisibles que ahora salian a la superficie. Y eso, las asustaba. Carol les tenia panico. Y solo basto tener que escuchar esa noche a Lana, para comprenderla del todo, para sentirse una, para ver que en realidad no se diferenciaban tanto como deseaba, y eso, la atemorizo aun mas. Cada palabra, cada gesto en una cara sin vida, cada mirada, todo, le parecio un simple reflejo de lo que ella vivio. Le gustaba estar sola, ser unica, le gustaba tener su vida y sus problemas. Y el echo de sentir que comprendia a alguien, que le producia un sentimiento de proteccion hacia ella, de querer ayudarla, de quererla...

Su cerebro solo podria reproducir la palabra HUIR una y otra vez, como si de un cartel luminoso y parpadeante se tratase. Porque sabia, que nada mas dejar esa habitacion, nada mas estar sola otra vez, donde quiera que fuera, iba a pensar en ella, en sus problemas, iba a querer ser parte de ellos. Odiaba eso.

Unas manos frias golpearon su pecho alejandola de la puerta, haciendo que perdiera el equilibrio por un segundo, pero se irguio con rapidez, desperto de sus pensamientos y la vio como cruzaba el humbral de la puerta del hotel. Antes de que siquiera el cuerpo de Lana pudiera cruzarla completamente Carol agarro con fuerza su muñeca y tiro con fuerza hacia ella.

-Espera. Tengo que confesarte algo.

09 octubre 2008

-Relatomania-




21 de mayo de 1608

Era noche cerrada. La luna, oculta por unas oscuras nubes, y una niebla densa dificultaban toda posible vision a mas de metro y medio de distancia. Una debil llovizna regaba la tierra hacia unas horas, dejando como recuerdo un humedo y embarrado suelo.

Las botas de las tres figuras que irrumpian aquella noche silenciosa se hundian en el barro hasta el talon. Temblorosas, inquietas pero decididas, se adentraban en la oscuridad de los arboles en busca de su objetivo.

Poco despues, e iluminados por la tenue luz de una antorcha, vislumbraron los muros del cementerio, perfilandose sus mausoleos, sus cruces y sus puntiagudos torreones desde la lejania.

Las tres figuras siguieron andando hacia la enorme puerta de hierro, parandose ante ella y persignandose. Uno de ellos agarro con fuerza la cruz que colgaba de su cuello, y aprentandola firmemente con su puño derecho susurro una leve oracion. El mas alto de los tres desabrocho su abrigo largo, dejando entrever una enorme espada bastarda y unos tarros de agua bendita sujetos a su cinturon. Miro al hombre de la cruz, y luego al corpulento que tenia a su espalda que sostenia un hacha sobre su hombro izquierdo, cerciorandose de que estaban preparados.

-Bien padre. Cuando usted guste.

Con un leve gesto indico el deseo de seguir y sin mas dilacion, forzando las cadenas de aquella puerta, se adentraron en la casa de los muertos, rumbo al mausoleo mayor, donde les aguardaba su destino.

Mientras caminaban, las oraciones susurrantes del cura irrunpian el silencio del lugar de una forma inquietante. Con pasos cortos pero firmes pensaban en lo que esa noche les propocionaria. Por fin, despues de mucho tiempo, sentirian el poder que tanto anelaban. Por fin, podrian derrotar al mayor de los suyos. Por fin, podrian saborear la sangre de un anciano. Y mientras sus colmillos asomaban entre unos labios mojados por la lluvia pensaban que este sentimiento les exicitaba mas que cualquier otra victima indefensa en un callejon.

Podian olerlo, podian sentirlo... ya estaban cerca...

05 septiembre 2008

-Relatomania-




Una luz te ciega, daña tus pupilas. Cierras los párpados y te frotas los ojos con los puños de las manos. Sientes paz, tranquilidad. Ves unas siluetas al fondo, alargas el brazo para alcanzarlas, pero las sientes lejos. La que parece más grande te habla, dice bellas palabras, tranquilizadoras. Le sonríes, aunque el rostro de esa sombra sea tan difuso como su figura.

Intentas de nuevo alcanzarla, ahora con el otro brazo estirado. Quieres mover los pies, pero no puedes. Otra vez esas palabras invaden tu cabeza. Como llevada por las drogas más puras y excitantes vuelves a sonreír. Cierras los ojos de nuevo.

Pero ahora, ahora notas como todo a tus pies (si es que antes había algo) se derrumba. Sientes como caes, al abismo más profundo. Esas siluetas que antes se alejan cada vez mas de ti, como la luz blanca y cegadora, esa paz que sentías, esas voces tranquilizadoras se desvanecen.

Abres los ojos y solo ves oscuridad, puedes hasta sentirla. Quieres gritar pero solo notas como algo dentro de ti desea salir, notas como se retuerce, oprime tus órganos hasta aplastarlos, rompe tus huesos hasta que se hacen polvo, roza tu interior hasta sangrar... Te retuerces de dolor, un dolor absoluto como nunca antes habías sentido. Quieres vomitar pero al mismo tiempo comer. Algo se adentra en tu ser desde tu boca, un liquido frío y metálico invade ahora tu interior muerto. No te gusta, pero no puedes parar, quieres que entre más y más, con más fuerza, más rápido.

Un hambre sobrehumana te invade, no puedes parar. Sigues bebiendo y bebiendo intentando apagar ese deseo hasta que una mano te aleja, te aparta. Caes al suelo y te retuerces de nuevo, como un niño pequeño al que le acaban de negar su chupete. Ahora, si, ahora gritas, de dolor, de rabia. Pero poco a poco todo cesa.

Tumbada en el suelo observas la luna, ahora es ella la que te ciega. Sientes como todo a tu alrededor es más grande. Te levantas, nunca habías sentido la noche así, tan llena de vida, puedes ver cosas que antes no veías, oler perfumes que ni sabias que existían, notas la vida hasta debajo de tus pies...

Detrás de ti una mano se acerca a tu cintura, y unos labios que te resultan ya familiares te susurran con la dulzura y tranquilidad que habías experimentado unos minutos antes:

-Bienvenida querida, a tu vida eterna.

04 agosto 2008

-Relatomania-





"Vampiro, señor de la noche. Agilidad sobrehumana, fuerza de las tinieblas, crueldad solo comparable a la fascinación que ejerce sobre las personas. Víctima de su propia ansia por la sangre, entonces, solo en ese preciso momento, el señor se convierte en bestia, una que se apodera de sus sentidos, de sus deseos, de sus actos, obligándolo a matar, torturar o jugar con sus víctimas solo por el placer que ello le produce, y luego, en el auge de ese clímax, poder saborear el precioso tesoro líquido que apagará su sed"

Buxter Paine es uno de ellos. Convertido contra su voluntad ya hace 110 años, fue abandonado por su creador en medio de la ciudad de Nueva York. Cada anochecer era para el un castigo, un día más en el mantener su penosa existencia.

Esa noche se había levantado sobresaltado, una vez más las pesadillas no dejaban de cesar, llevaba ya unas semanas igual. Se irguió sentándose en el borde de su cama desecha, apoyó su cabeza sobre sus manos esperando que ese pinchazo insoportable se desvaneciese. Observó su mesilla de noche, iluminada ahora por un cartel-anuncio parpadeante de "Virgin" que se encontraba en el edificio de enfrente. Estiró su brazo izquierdo alcanzando el vaso de whisky casi vacío. Bebió lo que quedaba. No sabia a nada. Solo le hacia sentir un ardor en lo más profundo de su muerto estómago.

Se vistió, tenia hambre. Se puso su chaqueta de cuero y cerró la puerta tras de si. Llegó a la calle mediante la salida de emergencia, y con las manos en los bolsillos de su abrigo se adentró, con paso lento, en los callejones de la gran manzana.

Era una noche fría, así que había poca gente, básicamente estaba buscando vagabundos o prostitutas de mala muerte. Esa gente, sin presente, ni futuro, sin nombre, desechos humanos de la sociedad a los que nadie echaría en falta si por algún casual sus vidas llegaban a su fin.

Pero hoy, su sed se le antojaba caprichosa. Hoy su demonio interior quería algo más. Sus piernas le dirigían hacia un club del centro. Una sensación de horror, miedo y asquedad hacia su persona le invadió cuando las luces del nombre luminoso del club se le clavaron en sus sensibles ojos.

Esperó en la cola, examinando cada extremidad, femenina o masculina, cada detalle, cada perfume. Muchos eran de su agrado, pero no le convencían.

Pagó la entrada y se perdió entre la muchedumbre. Luces flasheantes, moviéndose de un lado para otro, iluminando los miles de rostros que se movían al ritmo de la música, esa música que ahora taladraba sus oídos de una forma que le enfurecía.

Quería comer, cada minuto de agonía se convertía en segundo, intentaba resistirse, pero su cuerpo ya se movía solo, y su razón poco hacia para evitarlo. El dinero que se dejó en todas las copas que había tomado no le habían aliviado en absoluto. Y toda esa gente moviéndose ante sus ojos, todos tan débiles, frágiles, apetecibles... salio de allí como pudo, entre empujones y golpes. Se estaba resistiendo al deseo de beber.

Nada más salir se dirigió hacia uno de los callejones laterales, donde se encontraban los contenedores del local, se apoyó entre ellos, dejando caer sus rodillas sobre el suelo. Los colmillos se dejaban entrever entre sus labios y su lengua jugaba con la punta afilada de estos.

En ese preciso instante un "joder" le hizo dirigir la vista hacia la salida del callejón. Una chica, a la que se le había roto el tacón, maldecía los 150 dolares de perdida gracias a una de las muchas grietas en las aceras de la ciudad.

La chica posó una de sus manos sobre el muro mientras con la otra se quitaba el zapato inservible y lo miraba con rabia.

Su silueta se dibujaba hermosa desde esa perspectiva, iluminada por la luz de los locales y una farola nocturna. Su perfume podía llegar hasta donde Buxter estaba.

Se levató sigilosamente, acercándose a la chica. Una vez a sus espaldas, olió su cabello castaño, parecía suave.

Sin pensárselo dos veces la agarró por la cintura, y con la mano derecha le tapó la boca. La chica se retorcía como una rata presa de su vil serpiente. Forcejearon con fuerza adentrándose más aún en aquel callejón. El bolso de ella calló a mitad de camino y ahora su móvil sonaba en la lejanía. La chica intentaba gritar a través de los dedos de Buxter, pero el sonido ahogado no serviría para mucho.

La boca del vampiro se abrió, lentamente, sus labios tocaron el cuello indefenso de la muchacha. Se sonrió victorioso.

En ese mismo instante se descuidó, con lo que su presa aprovechó para apartarlo de un codazo. El se dobló, le había dado bien fuerte en las costillas. La chica comenzó a correr y a gritar, pero con la velocidad del vampiro y un tacón roto no llegaría muy lejos.

Buxter se irgió, mirando a la chica con rabia. Le excitaba que sus víctimas fueran difíciles, pero tenia prisa por alimentarse así que no quiso jugar. La siguió y la alcanzó antes de que pudiese si quiera llegar a donde su bolso se encontraba. La agarró de los brazos y la lanzó contra el muro de hormigón presionándola contra el. La chica asustada, con todo su cabello cubriendo su cara miraba al suelo evitando el rostro de aquel ser que en unos pocos segundos acabaría con su vida.

-¡Estate quieta joder! No nos llevará mucho...

Mientras la chica aún seguía forcejeando, Buxter elevó su mentón, separando con el dedo índice los cabellos que ahora dejaban al descubierto las lágrimas que mojaban aquellas suaves mejillas. Tenia unos labios apetecibles...

La observó de nuevo, elevando más su rostro para poder verle los ojos.


No pudo. Se echo atrás, rápidamente, nervioso. Tropezó con el bolso y calló al suelo de espaldas. La muchacha lo miró, inmóvil, sin entender lo que estaba pasando.

Buxter se arrastró unos centímetros queriendo alejarse de aquel rostro hasta que el muro se lo impidió. Tenía los ojos abiertos de par en par, la boca seca, y el estómago cerrado. Su cabeza no podía parar de repetir que aquello no podía ser, eran alucinaciones, como esas pesadillas suyas de cada noche.

Ella lo miró a los ojos por primera vez, esos ojos rojos de llorar, con el maquillaje echo estragos, la respiración nerviosa y acelerada.

El vampiro no pudo más, se levantó, como queriendo enfrentarla de nuevo, pero no pudo, otra vez, a mitad de camino sus piernas se detuvieron, como si una pared invisible entre ellos dos le impidiese pasar. Acto seguido echó a correr, como loco, entre las calles, sin rumbo, mientras su cabeza seguía repitiendo aquella cara una y otra vez.

No podía ser, era idéntica a su primera víctima, era igual, al rostro de la mujer que amaba.

29 julio 2008

-Relatomania-





Te contaré una historia, una historia que no creerás real pero que sucedió así como lo cuento.

En un día frío, de 1784, un 1 de noviembre, en las frías tierras de irlanda vivía una chica, una chica de unos 20 años, en aquella época ya toda una edad para emanciparse, nada que ver con los tiempos que corren. Era feliz, le había tocado vivir en una familia con posición social y poseía las ventajas de una educación soberbia y unas maneras dignas de cualquier alto cargo de la burguesía.

Era extraño, que muchos hombres, de los más acaudalados por aquellos tiempos, querían conocerla, hacerla su esposa. Venían de los lugares mas incógnitos solo para ver su belleza.

Era hermosa, si. Pero ella no estaba interesada en ninguno de estos hombres que muchas darían su vida por que les dirigieran al menos una ligera mirada.

Al contrario, le aburrían. No sabia explicarlo, ni a su padre ni a su madre, que se revolvían pensando en lo que perdían cada vez que su hija decía las palabras que mas temían: "no es de mi agrado".

Una noche, en una de estas reuniones sociales que se encargaba de organizar su familia, ella salió a uno de los balcones del salón, a "desconectar" de todos aquellos adinerados snobs. Respiró el aire frío, alzó la vista, cielo despejado, luna llena blanca... Una pequeña nube de vaho salia de su boca acariciando sus voluptuosos labios rosados. Su piel se volvía de gallina mientras una fresca brisa rozaba sus brazos desnudos. Rodeo su pecho con ellos y encogiéndose de hombros apoyó su cintura contra el borde del balcón.

Se quedó un rato largo, mientras escuchaba el agua que brotaba de una fuente y el bullicio de la fiesta a sus espaldas, mirando la noche que iluminaba el enorme jardín familiar.

Vió una sombra. Se movía lenta, tranquila y silenciosa a sus pies. Se paró frente a la fuente. Se inclinó para jugar con el agua. Era una figura de mujer. No la había visto nunca, y tampoco recordaba haberla visto en la fiesta. La sombra se irguió, se giró hacia ella. Se observaron mutuamente un largo rato, sin decir nada. Podía notar unos ojos brillantes desde ahí arriba que la miraban con ansias. Se sintió inquieta, pero a la vez curiosa por saber de aquella mujer.

-¿Quién es?- preguntó.

La sombra se acercó, sin quitarle la vista de encima. Una escena digna de Romeo y Julieta. La luz tenue que salia del balcón y de las cristaleras del piso de abajo iluminó el rostro de la desconocida. Efectivamente, era una mujer, una mujer hermosa como ella, de cabello oscuro, largo y ondulado, piel blanca y ojos color miel, labios suaves y brillantes. La mujer le sonrió, dibujando unos hoyuelos en su rostro, era la sonrisa mas perfecta que había visto jamás. El corazón le comenzó a latir deprisa. No era miedo lo que sentía, estaba inquieta, pero no sabia porque se le aceleraba el pulso y la respiración se le entrecortaba.

-¿No cree que hace mucho frío para estar fuera?- preguntó la desconocida.

-Podría decir lo mismo de usted.

Le sonrió de nuevo, con una pequeña risilla.. tan dulce... y una mirada que llamaba al interés.

-Touché. Pero es que la fiesta es algo aburrida. Y la gente poco interesante.

-Si. Una pena que sean mis padres los encargados de estos festejos.

-Vaya... creo que acabo de meter la pata.

-No opino lo mismo.

Se sonrieron mutuamente y sus ojos volvieron a cruzarse. No hacían falta palabras. La desconocida dio un paso atrás, y mirando de reojo a sus espaldas, caminó hacia la fuente adentrándose en los setos laberínticos del jardín.

-Esper...

Quiso detenerla con una palabra ahogada entre sus dientes. La observó alejarse. Nerviosa, miró hacia la fiesta. Nadie la vigilaba. Sus músculos se tensaron y sus pies mandaban sobre su mente y su cuerpo. Bajó las escaleras que unían aquel balcón con el jardín. Sus zapatos de tacón hacian más difícil la progresión por aquel césped tan bien cuidado. Se despojó de su calzado, notando la hierba húmeda y fría bajo los pies.

Miró a la lejanía, buscando a aquella desconocida. La había perdido, pero sus pies seguían el camino que anteriormente había recorrido la mujer. Pasó la fuente y finalmente se adentró en el laberinto. Lo conocía como la palma de su mano. Derecha, izquierda, izquierda, derecha... Llegó al centro, pero la extraña mujer no estaba. Miró a su alrededor nerviosa. El corsé le impedía respirar correctamente, y su respiración acelerada hacia un baile hipnótico en su escote.

Desistió. Miró sus pies sucios, el borde de su vestido embarrado... Pensando en una explicación que dar al llegar a la fiesta, se puso camino a la salida al mismo tiempo que una mano fría la agarró de la muñeca y un pecho de mujer se le pegaba a la espalda. Notó unos cabellos suaves rozando su hombro derecho y unos labios acariciando su cuello...

Se estremeció. Cerró los ojos. Su respiración se aceleró de nuevo y su boca se entreabrió como para dar un ápice de vida, pero de ella no salio más que una nube de vaho... Estática, sintió unas manos femeninas acariciando sus brazos, lentamente, con suavidad y delicadeza, desde su cintura hasta su nuca. Sin la mínima preocupación, se dejaba hacer, mientras le alzaban la barbilla desde atrás y mordisqueaban la suave y perfumada piel de su cuello.

Se giró, para ver aquel rostro una vez más. Era la desconocida mujer, de la cual aun no sabia su nombre. No le importaba. Sus ojos hablaban por su boca, esa boca que ahora deseaba besar. Le sonrió, mostrandole unos colmillos, distintos, impolutos... No tuvo miedo. Rodeo la cintura de la desconocida, y esta se inclinó, acariciándole el rostro con los labios, acercándose peligrosamente a los suyos... y se sumió en un placentero beso como nunca jamás le habían dado.