-Relatomania-

-Que dices? No te entiendo.
Le pregunto mientras se retorcia entre las sabanas agranatadas, de un color sangre coagulado. El otro cuerpo le dio la espalda, se apiño en un obillo de carne y huesos y solo gruño. Su piel se notaba fria.
Ella fruncio el ceño al ver la escena. No entendia porque se estaba comportando asi, hacia unos minutos estaban bien, normal, lo estaban pasando bien, pero de repente sin decir nada Carol dejo de mirarla a los ojos y rapidamente se aparto de su cuerpo con rapidez.
Permanecio callada, esperando que su acompañante se dignara si quiera a decir una minima palabra, pero solo se limito a de vez en cuando, revolverse, como si sintiera un mal estar fisico.
-Te encuentras bien?
No respondio. Se lo esperaba. Un impulso ordeno a sus musculos moverse y acercarse a Carol, pero su mente se lo impidio. Por un momento comenzo a entenderlo todo. Lo que habian hablado antes, tranquilamente, se estaba arrepintiendo de haberse abierto a ella, vio en su mirada un apoyo, una guia, en sus consejos una sabiduria, pero sin saber porque ella se puso asi. ¿Acaso habia cruzado la linea? ¿Esa linea que separa los polvos esporadicos entre dos amigas con derecho a roce, y algo mas que eso?
Le habia contado su vida, le habia contado sus frustaciones, le habia contado su muerte y su no vida, sus miedos, todo, absolutamente todo, nunca antes se lo habia dicho a nadie. Jamas. Su estomago vacio comenzo a revolverse, un malestar cruzaba sus organos muertos llegando hasta la garganta, sintio arcadas. Sus ojos oscuros se volvieron rojos de la ira y sus musculos se contrajeron. Se levanto de golpe, dejando a su compañera en su obillo. Recogio su ropa con rapidez y se vistio con habilidad. Carol la miro de reojo y con atencion.
-A donde vas?
No contesto. Lana siguio colocandose la chaqueta, con prisa y a trompicones. No se preocupo ni de arreglarse el cuello de su abrigo. Recogio su bolsa de cuero y antes de que pudiera posar la mano sobre el pomo de la puerta, Carol la intercepto.
-Dejame irme.
-No.
Ahora era ella la que evitaba la mirada de Carol. Forcejeraon, con fuerza, rompiendo las cosas que se interponian en su lucha.
-Esta amaneciendo, no puedes irte.
Como hablar a una pared. Nada. Su cerebro sabia perfectamente lo que alli estaba pasando, pero le reventaba no poder hacer ella lo mismo. Solo eran compañeras de caza, por las noches, nada mas, a veces esas noches terminaban como la de hoy, pero cada una se iba para su casa nada mas se ocultase el sol. Asi debia de ser.
Pero sabian, que asi no era.
Sin esperarlo, sin quererlo, se podria decir que habian estrechado unos lazos invisibles que ahora salian a la superficie. Y eso, las asustaba. Carol les tenia panico. Y solo basto tener que escuchar esa noche a Lana, para comprenderla del todo, para sentirse una, para ver que en realidad no se diferenciaban tanto como deseaba, y eso, la atemorizo aun mas. Cada palabra, cada gesto en una cara sin vida, cada mirada, todo, le parecio un simple reflejo de lo que ella vivio. Le gustaba estar sola, ser unica, le gustaba tener su vida y sus problemas. Y el echo de sentir que comprendia a alguien, que le producia un sentimiento de proteccion hacia ella, de querer ayudarla, de quererla...
Su cerebro solo podria reproducir la palabra HUIR una y otra vez, como si de un cartel luminoso y parpadeante se tratase. Porque sabia, que nada mas dejar esa habitacion, nada mas estar sola otra vez, donde quiera que fuera, iba a pensar en ella, en sus problemas, iba a querer ser parte de ellos. Odiaba eso.
Unas manos frias golpearon su pecho alejandola de la puerta, haciendo que perdiera el equilibrio por un segundo, pero se irguio con rapidez, desperto de sus pensamientos y la vio como cruzaba el humbral de la puerta del hotel. Antes de que siquiera el cuerpo de Lana pudiera cruzarla completamente Carol agarro con fuerza su muñeca y tiro con fuerza hacia ella.
-Espera. Tengo que confesarte algo.




