Te contaré una historia, una historia que no creerás real pero que sucedió así como lo cuento.
En un día frío, de 1784, un 1 de noviembre, en las frías tierras de irlanda vivía una chica, una chica de unos 20 años, en aquella época ya toda una edad para emanciparse, nada que ver con los tiempos que corren. Era feliz, le había tocado vivir en una familia con posición social y poseía las ventajas de una educación soberbia y unas maneras dignas de cualquier alto cargo de la burguesía.
Era extraño, que muchos hombres, de los más acaudalados por aquellos tiempos, querían conocerla, hacerla su esposa. Venían de los lugares mas incógnitos solo para ver su belleza.
Era hermosa, si. Pero ella no estaba interesada en ninguno de estos hombres que muchas darían su vida por que les dirigieran al menos una ligera mirada.
Al contrario, le aburrían. No sabia explicarlo, ni a su padre ni a su madre, que se revolvían pensando en lo que perdían cada vez que su hija decía las palabras que mas temían: "no es de mi agrado".
Una noche, en una de estas reuniones sociales que se encargaba de organizar su familia, ella salió a uno de los balcones del salón, a "desconectar" de todos aquellos adinerados snobs. Respiró el aire frío, alzó la vista, cielo despejado, luna llena blanca... Una pequeña nube de vaho salia de su boca acariciando sus voluptuosos labios rosados. Su piel se volvía de gallina mientras una fresca brisa rozaba sus brazos desnudos. Rodeo su pecho con ellos y encogiéndose de hombros apoyó su cintura contra el borde del balcón.
Se quedó un rato largo, mientras escuchaba el agua que brotaba de una fuente y el bullicio de la fiesta a sus espaldas, mirando la noche que iluminaba el enorme jardín familiar.
Vió una sombra. Se movía lenta, tranquila y silenciosa a sus pies. Se paró frente a la fuente. Se inclinó para jugar con el agua. Era una figura de mujer. No la había visto nunca, y tampoco recordaba haberla visto en la fiesta. La sombra se irguió, se giró hacia ella. Se observaron mutuamente un largo rato, sin decir nada. Podía notar unos ojos brillantes desde ahí arriba que la miraban con ansias. Se sintió inquieta, pero a la vez curiosa por saber de aquella mujer.
-¿Quién es?- preguntó.
La sombra se acercó, sin quitarle la vista de encima. Una escena digna de Romeo y Julieta. La luz tenue que salia del balcón y de las cristaleras del piso de abajo iluminó el rostro de la desconocida. Efectivamente, era una mujer, una mujer hermosa como ella, de cabello oscuro, largo y ondulado, piel blanca y ojos color miel, labios suaves y brillantes. La mujer le sonrió, dibujando unos hoyuelos en su rostro, era la sonrisa mas perfecta que había visto jamás. El corazón le comenzó a latir deprisa. No era miedo lo que sentía, estaba inquieta, pero no sabia porque se le aceleraba el pulso y la respiración se le entrecortaba.
-¿No cree que hace mucho frío para estar fuera?- preguntó la desconocida.
-Podría decir lo mismo de usted.
Le sonrió de nuevo, con una pequeña risilla.. tan dulce... y una mirada que llamaba al interés.
-Touché. Pero es que la fiesta es algo aburrida. Y la gente poco interesante.
-Si. Una pena que sean mis padres los encargados de estos festejos.
-Vaya... creo que acabo de meter la pata.
-No opino lo mismo.
Se sonrieron mutuamente y sus ojos volvieron a cruzarse. No hacían falta palabras. La desconocida dio un paso atrás, y mirando de reojo a sus espaldas, caminó hacia la fuente adentrándose en los setos laberínticos del jardín.
-Esper...
Quiso detenerla con una palabra ahogada entre sus dientes. La observó alejarse. Nerviosa, miró hacia la fiesta. Nadie la vigilaba. Sus músculos se tensaron y sus pies mandaban sobre su mente y su cuerpo. Bajó las escaleras que unían aquel balcón con el jardín. Sus zapatos de tacón hacian más difícil la progresión por aquel césped tan bien cuidado. Se despojó de su calzado, notando la hierba húmeda y fría bajo los pies.
Miró a la lejanía, buscando a aquella desconocida. La había perdido, pero sus pies seguían el camino que anteriormente había recorrido la mujer. Pasó la fuente y finalmente se adentró en el laberinto. Lo conocía como la palma de su mano. Derecha, izquierda, izquierda, derecha... Llegó al centro, pero la extraña mujer no estaba. Miró a su alrededor nerviosa. El corsé le impedía respirar correctamente, y su respiración acelerada hacia un baile hipnótico en su escote.
Desistió. Miró sus pies sucios, el borde de su vestido embarrado... Pensando en una explicación que dar al llegar a la fiesta, se puso camino a la salida al mismo tiempo que una mano fría la agarró de la muñeca y un pecho de mujer se le pegaba a la espalda. Notó unos cabellos suaves rozando su hombro derecho y unos labios acariciando su cuello...
Se estremeció. Cerró los ojos. Su respiración se aceleró de nuevo y su boca se entreabrió como para dar un ápice de vida, pero de ella no salio más que una nube de vaho... Estática, sintió unas manos femeninas acariciando sus brazos, lentamente, con suavidad y delicadeza, desde su cintura hasta su nuca. Sin la mínima preocupación, se dejaba hacer, mientras le alzaban la barbilla desde atrás y mordisqueaban la suave y perfumada piel de su cuello.
Se giró, para ver aquel rostro una vez más. Era la desconocida mujer, de la cual aun no sabia su nombre. No le importaba. Sus ojos hablaban por su boca, esa boca que ahora deseaba besar. Le sonrió, mostrandole unos colmillos, distintos, impolutos... No tuvo miedo. Rodeo la cintura de la desconocida, y esta se inclinó, acariciándole el rostro con los labios, acercándose peligrosamente a los suyos... y se sumió en un placentero beso como nunca jamás le habían dado.
1 comentario:
Alaaaa... como me suena....... xDDDD
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